Publicado en EXIT BOOK # 1, Olivares & Asociados, Madrid, Diciembre 2002, p. 41.
La era postmedia
Acción comunicativa, prácticas (post)artísticas y dispositivos neomediales
José Luis Brea
Centro de Arte de Salamanca / Argumentos 1. Salamanca, 2002.
186 páginas. 9,62 Euros.
por Eva Grinstein (Crítica de arte y comisaria independiente)
No se trata de predecir las posibilidades futuras de unos medios emergentes sino de involucrarse en su construcción ya mismo, usted, yo, aquí y ahora. Sin dudas lo mejor del estilo de José Luis Brea es su capacidad para ser provocador y apelativo mientras es teórico, densamente teórico. Brea -considerado con razón uno de los más serios pensadores españoles dedicados a reflexionar sobre las nuevas tecnologías- escribe sin perder de vista la presencia de un lector al otro lado de sus ideas, un hipotético interlocutor que puede (¿debe?) ser orientado con miras a obtener comportamientos más activos en la jungla de bits. El destino de sus impulsos persuasivos -que no son pocos- apunta en la dirección de encontrar/estimular actitudes críticas frente al inexorable proceso de “estetización del mundo en las sociedades actuales”, proceso paralelo a la despolitización de una esfera pública que, sostiene Brea, nos corresponde recuperar como zona de actividad autónoma, libre de los imperativos y necesidades de las industrias del entretenimiento.
Centrando su enfoque en las relaciones entre arte y técnica -hoy particularmente agitadas por la aparición de nuevas prácticas en las que coinciden las instancias de producción y distribución, y las de obra y reproducción- Brea interroga los dispositivos nacientes, en especial los ligados a la red de redes, descartando expectativas desmesuradas y destacando algunas experiencias efectivas de resistencia comunicativa. Si bien su relevamiento abarca un amplio abanico de expresiones -al comienzo del libro se ocupa de proponer un repaso de las diversas áreas y términos implicados en el universo neomedial- es en el territorio más específico del net.art donde realiza sus aportes más valiosos. Aunque se niega a historizar –acaso porque la idea de un devenir no categorizable le resulta más atractiva que la del archivo ordenado de datos-, expone con claridad algunos de sus grandes hitos y contribuye innegablemente a la mejor comprensión de un fenómeno que todavía no encuentra demasiadas voces capaces de elaborar metadiscurso lúcido, atento y cuestionador.
Siguiendo los hilos de la trama de Brea, se infiere que su interés por el campo del arte electrónico no se atiene estrictamente a la materialidad -o inmaterialidad- de las nuevas obras ni a la aparición de los nuevos artistas, sino a las diversas y complejas problemáticas inherentes al sistema de representaciones y símbolos que éstos, obras y artistas, pueden contribuir a empeorar o mejorar, hablando mal y pronto. Las líneas filosóficas que se intercalan en las referencias de Brea apuntan en una dirección de pensamiento postmoderno y/o contemporáneo: Benjamin, Debord, Derrida, Habermas, Vattimo, Agamben, autores que han pensado la relación arte y técnica sin perder de vista, o directamente para formular, algún tipo de esperanza humanista-emancipatoria. La esperanza que aún le cabe alimentar a unas sociedades, las tardocapitalistas, cada vez más mediadas y diferidas en sus accesos a “lo público”, y por tanto más relegadas al terreno de lo privado-pasivo.
Brea se reserva capítulos especiales para tratar varios temas apasionantes de la tecnoera actual, analizando con particular crudeza -o como él sugiere, “desmantelando”- algunas operatorias de la institución-arte. Lo hace cuando se refiere al museo moderno en su rol de normalizador del gusto -y por tanto propulsor de un supuesto sujeto universal-, o cuando desestima la eficacia del activismo hacker -que a pesar de sus “buenas intenciones” sólo consigue acrecentar las formas de control social. A la vez que señala múltiples fisuras de un sistema desfasado con los ritmos del adelanto tecnológico, encuentra el espacio para pronunciarse por una “no-televisión”, o, con verdadero énfasis, para recordarles al arte y a la cultura la saga revolucionaria, vanguardista, del ejercicio de la autocrítica inmanente.
La era postmedia, vale la pena mencionarlo, se estructura en dos partes. La primera, de tinte académico clásico -tono monográfico, hipótesis y recapitulaciones, y varios esquemas que permiten el mejor seguimiento de los conceptos y ejemplos presentados- se titula Desarrollos del arte electrónico: los nuevos medios y el net.art y comprende once capítulos que, en algunos casos, retoman textos anteriores publicados en revistas, catálogos, websites y mailing lists. La segunda, de escritura más libre e incluso por momentos lírica, lleva por título Arte y técnica y compendia en cuatro capítulos una serie de pensamientos sueltos que inscriben a Brea en la mejor tradición del ensayo filosófico fragmentario. Al contrario de lo que podría suponerse, sus apreciaciones no pierden solidez en el formato de la deriva teórico-poética, sino que más bien se revitalizan cuando el autor se atreve a perderse el respeto y desacartona su discurso, en ocasiones excesivamente enrevesado. Cuando no se deja dominar por el rigor de la enunciación demasiado formal, cuando es directo y concreto, Brea es insoslayable. “Construir comunidad -dice- podría ser la tarea política de nuestra generación. Y acaso la única misión digna de las prácticas post.artísticas en este escenario desconfigurado”. Los próximos libros de Brea y, sobre todo, su trabajo permanente de investigación y producción de espacios en la red (en iniciativas como aleph, eco o La Société Anonyme), sin dudas continuarán brindando claves para relativizar, y apropiar de manera constructiva, el poder de los nuevos medios.